¿Dream School? Más bien pesadilla

Lo de cocinar en fogón ajeno no le ha ido muy bien esta vez a Jamie Oliver. Su Dream School está pasando sin pena ni gloria por Channel 4, y eso no era lo que se esperaba. Sobre el papel la idea de Fresh One, la productora del propio Oliver, pintaba bien: 18 personalidades de la ciencia, la política, el periodismo o el deporte tratarían de motivar y reconducir la vida académica de 20 chicos que habían dejado la escuela sin ninguna titulación. Pero la realidad ha sido que cinco episodios más tarde los alumnos siguen siendo bestias sin domar. Aunque aún hay esperanza.

Ni la contribución al programa - en el papel de profesores - de Alistar Campbell o Cherie Blair ha conseguido, no ya sacar del Dream School potenciales ilustrados sino atraer al televidente: 1.8 millones de espectadores en su última entrega. El peor registro del prime time (de 9 a 10 pm) de la semana en la cadena.

La dinámica impuesta por el colegio es crear un ambiente participativo en clase, que enganche al fracasado estudiante y que le devuelva la ilusión por el estudio – si es que alguna vez la tuvo. Maestros de lujo para unos desmotivados y maleducados muchachos a los que se les gana “gritando más alto que ellos”, en palabras de Simon Callow, encargado de introducirles en el arte del teatro y más concretamente de Shakespeare.

“Bien. ¿Qué sabéis de William Shakespeare?”, pregunta Callow.

“Que está muerto”, responde uno.

La motivación principal de estos chicos para participar en el programa es conseguir fama, y por ende, dinero. Conscientemente o no, ellos contribuyen al show.

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David Starkey, reconocidísimo historiador pero nefasto profesor de adolescentes rebeldes, osó llamar a uno de ellos “gordo”. Y el ofendido respondió al envite criticando sin mesura la estatura del maestro.

Lo de la clase de ciencias también creó titulares. Dos estudiantes donaron su propio semen para que fuera analizado bajo el microscopio. La visión de los espermatozoides fue un éxito entre los estudiantes: “¡Uno es muy rápido!”, “¡Hay uno muerto!”. Esta original metodología provocó rechazo y críticas a la cadena, que sin embargo emitió el pasado miércoles el controvertido episodio.

La televisión británica rellena cada vez más su parrilla con espacios que parecen querer mitigar las carencias de las políticas sociales. Es la nueva asistente social de las llamadas ‘víctimas del sistema’.

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