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'Breaking Bad': spoilers de la sobredosis final

'Breaking Bad': spoilers de la sobredosis final

El periplo de Walter White en la televisión llegó a su fin en la madrugada española del domingo 29 de septiembre, y lo hizo tal y como aventuraba el acrónimo que daba título a su último capítulo, “Felina”: “Fe” (Hierro), “Li” (Litio), “Na” (Sodio). Sangre, metanfetamina y lágrimas. Así acabó Breaking Bad.

El profesor de química se ocupó de no dejar cabos sueltos (al menos en lo que a su personaje concernía) en un desenlace que, como ya adelantó Vince Gilligan, supondría una “pequeña victoria” para él.

¡Cuidado, spoilers! Desvelamos el contenido del episodio

A continuación, procedemos a relatar los acontecimientos del sexagésimo segundo capítulo de Breaking Bad, el último y definitivo. Su lectura se desaconseja para todos aquellos que quieran llegar vírgenes al visionado del episodio. Puede ser tan letal como la ricina, se lo aseguramos. El que avisa no es traidor (créannos, no queremos que nos manden a Belice por ello).

Siga leyendo bajo su propia responsabilidad.

En el capítulo anterior...

Una semana antes, en “Granite State”, Walter White se había dado por vencido. Tras recibir el odio vomitado por su hijo por teléfono, White decidía entregarse y poner punto y final a su triste ocaso, escondido en un recóndito tugurio de New Hampshire.

Sin embargo, una postrimera copa en el bar donde espera a la policía le otorga un momento de claridad: Gretchen y Elliott, los mandamases de Gray Matter, comparecían en una entrevista televisivada y renegaban de quien fuera su socio y amigo décadas atrás. No solo eso, la emisión hacía saber al protagonista que su creación, su metanfetamina azul, su marca (no registrada, pero casi), seguía en el mercado, con mejor salud que él, desde luego.

Cuando los agentes de la autoridad tomaron el bar, White ya se había marchado. Tras robar un vehículo, vuelve a Nuevo México para poner las cosas en orden.

Walter entregó su fortuna a Grey Matter, para que ellos se la dieran a su familia

Primera parada: la mansión de los Schwartz. Elliott y Gretchen se preparan para una comfortable cena casera, pero se les quita el hambre en cuanto la descuidada silueta de Walter se aparece en su salón. Heisenberg no tiene intención de matarles: “Estoy aquí para daros algo”, musitaba. En concreto, 9,7 millones de dólares.

El químico les encomienda el cuidado de los ahorros que ha logrado conservar, para que los donen a Walt Jr cuando este cumpla la mayoría de edad. Dos asesinos apostados en el exterior de la casa de los Schwartz de que el plan no se salga de su cauce, les avisa: dos puntos rojos se aparecen sobre el pecho de la acongojada pareja...

Dos francotiradores que resultan ser Badger y Skinny Pete, con dos efectivos punteros láser. Los dos colgados camellos hacen este último favor a Heisenberg (a cambio de un suculento fajo de billetes) y le dan más información sobre la metanfetamina que sigue vendiéndose como si fueran caramelos. Igual de pura, igual de azul. White ata cabos: solo alguien puede igualarle. Jesse sigue vivo.

La ricina, para la maquiavélica Lydia

Walter encamina sus pasos a sus objetivos a batir: la maquiavélica Lydia, la encargada de hacer que el negocio siga su curso; Todd, el alumno aventajado e imitador; la banda del Tío Jack, a la que debe el asesinato de Hank; y, por supuesto, Jesse. Para cocinar su venganza definitiva, White hace acopio de los ingredientes necesarios: una ametralladora automatizada y la dosis de ricina que ya le sirviera, indirectamente, para acabar con Gus Fring y, luego, su sociedad con Pinkman.

La ricina irá dirigida al pez gordo, a Lydia, la distribuidora, diluida en el té de camomila con leche de soja que gusta de tomar cada martes a las 10 en el mismo restaurante. La ametralladora es para el resto. Walter aprovecha su encuentro para cerrar una reunión con Todd y su banda, con la excusa de ofrecerles un repuesto perfecto para la metilamina. Pero a eso, iremos luego...

Walter se confiesa a Skyler: “Todo lo que he hecho, lo he hecho por mí”

Antes de su encuentro final con Jack y compañía, toca un último vis a vis con Skyler. Brillantemente planificada (una viga de madera se interpone y separa a marido y mujer), el momento permite a Walter ser completamente sincero por primera vez en la serie.

“Todo lo que he hecho, lo he hecho por mí. Me gustaba. Era bueno haciéndolo. Y me sentía verdaderamente vivo”, reconoce, justo después de darle a su mujer el boleto con las coordenadas donde una vez estuvo enterrado su riqueza y donde ahora reposan Hank y Gomie. Una información que le valdrá a Skyler la exoneración de todos sus problemas legales.

Un último vistazo a Holly y, desde la distancia, a Walt Jr, y Walter enfila su destino.

Walter salva a Jesse y ametralla a toda la banda de Jack

Cae la noche y con ella, el encuentro con los buitres de Jack. Walter aparca estratégicamente su auto junto al local de reunión de la banda. Jack y Todd no tienen intención de oír su, por otro lado, falsa propuesta de negocio, sino matarle y acabar con un problema que agobia a Lydia. Antes de que le perforen el cráneo con una bala, Walter insta a Jack a enseñarle a Jesse, “su socio”.

Dicho y hecho: Jack le trae a Jesse, esposado y desaseado, el rostro lleno de cicatrices. El señor White comprende lo que han hecho con su discípulo y en un último impulso, se abalanza sobre él. No para matarlo, sino para salvarlo: Walter activa el control remoto de la ametralladora, que reduce a fosfatina a la banda de racista de Jack.

Todd muere a manos de su presa, Jesse, y Walter venga a Hank

Todd ha logrado sobrevivir, pero en la confusión posterior al tiroteo, Jesse consigue ponerle las manos encima y ahogarlo con sus cadenas hasta la muerte. Jack medio muerto y agujereado (aún con aliento y fuerzas para encender un último pitillo), pide piedad a Walter. Pero este es tan inmisericorde con Jack como Jack lo fue con Hank. Le dispara, dejándole con la palabra en la boca y los sesos por el objetivo de la cámara.

Despedida y adiós de Pinkman y White

Jesse. Walter le lanza su arma, para que sea Pinkman quien acabe definitivamente con él. Sin embargo, Jesse se niega a ser manipulado una vez más, y tira el revólver al suelo. “Si quiere hacerlo, hágalo usted”. En el fondo, lo ha hecho: al proteger a Jesse de las balas, recibió una. Bajo su pecho, una herida, mortal de necesidad.

Los dos se miran por última vez, y asienten. Es la despedida muda de la pareja: Jesse puede dejar atrás por fin todo el pasado y, con suerte, empezar de cero. Walter, por su parte, se refugia en el laboratorio clandestino de Todd. Allí, se pasea contemplando el equipo de trabajo, haciendo memoria hasta que finalmente muere, antes de que la policía lo atrape. Ya saben: “Vive libre o muere”.

“Supongo que tuve lo que me merecía”, comienzan a sonar los Badfingers con su hit de 1971 Baby Blue. La pequeña metanfetamina azul que tanto le dio y tanto dio a los espectadores.

Un final cerrado, coherente y justo con sus personajes

Breaking Bad termina con todas sus tramas cerradas, habiendo hecho justicia a todos sus personajes: Jesse sigue vivo: ya ha pagado por el mal que ha hecho y ahora tiene oportunidad de resarcirse y redimirse. Hank, aunque asesinado, ha sido vengado y su cuerpo, recuperado, para alivio de toda la familia. Skyler, libre, y sus hijos, si todo va como debe, recibirán un dinero que, de algún modo, les pertenecía desde el principio.

¿Y Walter White? Walter White muere por sus propias manos, en el entorno donde más feliz ha sido, con todas sus cuentas saldadas y sus planes resueltos. No se ha redimido, porque no lo buscaba, y sí vuelto a imponer su reinado criminal una vez más, aunque fuera la última. Heisenberg ha muerto. Larga vida a Heisenberg.

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