Crónica jueves GH: La casa del sol naciente

Esta semana la prueba logrará que los concursantes terminen con los ojos rasgados. Excepto Carol, que aún los tiene llorosos tras la salida de Jorge. Tal y como discurren los acontecimientos si Chang San-Feng, creador del Tai-Chi hace diez siglos, levantará la cabeza, alucinaría con la nueva modalidad que los concursantes han creado

Al igual que se celebra la "Semana Oriental" en los grandes almacenes, en GH tampoco nos libramos del evento. Los responsables del reality show han decidido apoyar el Mundial de la competencia y han montado una prueba basada en la cultura y tópicos de los países organizadores. Óscar ha hecho sonar el gong para despertar a sus compañeros dando así por comenzada la prueba. Konichiwa.

Los concursantes tienen que llamar por teléfono a Japón para conseguir averiguar los resultados de los partidos disputados hasta ahora utilizando sólo el idioma del emperador Hiro Hito para hacerse entender. Con este fin cuentan con un sucinto diccionario con frases hechas. Creo que no van a dar crédito a sus oídos cuando les cuenten que las selecciones de Argentina, Portugal, Francia e Italia ya están de vacaciones.

Óscar ha puesto lo mejor de sí mismo, pero le han colgado en varias ocasiones. Por fin, el manchego ha encontrado a una versión japonesa del santo Job que, armándose de infinita paciencia, ha echado una mano. Ya saben el resultado del trascendental Rusia vs. Túnez, ahora sólo les faltan otros cincuenta partidos. Informaciones de última hora aseguran que Óscar ha driblado las diferencias culturales y estuvo hablando más de veinte minutos con un japonés que les ha proporcionado la mayoría de resultados de la primera frase. Un golazo por la escuadra del número diez de la selección de Guadalix.

La segunda parte de la prueba consiste en respetar una serie de actividades rutinarias relacionadas con la cultura oriental: practicar Tai-chi, utilizar palillos, sentarse en cojines, comer en mesas bajas y saludarse con una reverencia a la manera oriental cada vez que se crucen. Cuando terminen cada una de las actividades diarias, ellos mismos votarán quién lo ha hecho mejor. El que más puntos acumule al final de la semana será el ganador individual. Les esperan duras tardes dedicadas a la compleja caligrafía japonesa, a construir cometas, la ceremonia del té, al taekwondo, al origami (es decir, la papiroflexia) y el ikebana o arte del adorno floral.

La sesión de Tai-chi, antiguo ejercicio chino de movimientos lentos y hermosos que fortalece cuerpo y mente, se la han tomado todos en serio excepto Kiko (menuda novedad) y Candi, que se han decantado por el baile de los pajaritos. Luego habrá llanto y crujir de dientes si no superan la prueba. Los hay que no escarmientan. En el otro lado de la balanza, Javito parecía un auténtico samurai recién salido de Shogun

Sólo puede quedar uno

Candi y, sobre todo, Carol han hecho piña porque la expulsión de Jorge significó la desintegración de la familia Trapp. De noche y frente a la piscina se preguntan que estará viendo la gente del otro lado del espejo para no darse cuenta de que ellas son las buenas de la película. Saben que una de las dos será la siguiente, ¿o no?

Óscar ha cambiado de habitación. La excusa oficial es que no quería dejar desangelada la otra estancia, pero la lujuria es una cáncer que se extiende imparable por el cuerpo de este Tom Cruise cañí. Sin ir más lejos, el último día de colada volvió a flirtear con Carol. La noche es joven. Sayonara.


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