Crítica

'A tres metros sobre el cielo' de Netflix, una serie terrenal sin la chispa de Hache y Babi

'A tres metros sobre el cielo: la serie'

Serán muchos los que al entrar este miércoles en sus cuentas de Netflix reciban un golpe de nostalgia y romanticismo al ver el último estreno de la plataforma: A tres metros sobre el cielo: La serie. ¿Qué clase de brujería es esta? ¿Vuelven Hache y Babi? La respuesta es no. Ni ellos, ni la historia que les enamoró.

Así luce la serie de 'A tres metros sobre el cielo' en su tráiler completo tras cambiar de nombre en Netflix

Así luce la serie de 'A tres metros sobre el cielo' en su tráiler completo tras cambiar de nombre en Netflix

El gigante del streaming se lanza a por su nuevo fenómeno juvenil con una apuesta a priori segura: una nueva adaptación de las novelas de Federico Moccia que triunfaron a principios de los 2000 y que reventaron la taquilla española con su salto al cine de la mano de Mario Casas y María Valverde en diciembre de 2010.

Él, un joven misterioso y rebelde con un pasado tormentoso. Ella, una chica correcta y de buena familia con un futuro prometedor. Juntos se dejan llevar en un espiral de pasión y nuevas experiencias que termina cambiándoles la vida. ¿Lo recuerdas? Pues es momento de olvidarlo, porque esta nueva serie conserva más bien poco del argumento original.

El foco se traslada a una zona cálida y turística de la costa del Adriático. Allí, en medio de una fiesta con piscina, se conocen Ale y Summer, dos jóvenes con poco en común cuya conexión romperá sus esquemas. Y hasta ahí los paralelismos con la historia que escribió Moccia. Bueno, aquí también hay motos.

Más que una adaptación, A tres metros sobre el cielo: La serie es una reinterpretación de lo que en su día escribió el conocido autor italiano, y a la que favorece bien poco heredar su nombre. No hay dudas de que es un reclamo más potente para España que su título internacional (Summertime), pero genera una expectativas que están lejos de cumplirse.

Una historia clásica para una pareja con poca química

Más allá del cartel, y entrando en materia, esta no es más que una de tantas series de adolescentes que podemos encontrar en el catálogo de Netflix. Chico conoce a chica, uno de ellos se enamora, el otro se hace de rogar, y terminan pasando un verano inolvidable. Terminan, porque lo suyo tarda tanto en explotar que pide demasiadas oportunidades a un espectador siempre hambriento de romanticismo.

La historia que surge entre Summer (Coco Rebecca Edogamhe) y Ale (Ludovico Tersigni) es bonita, pero no es nada que no hayamos visto antes en ficción. Su relación es más bien clásica y pide a gritos una dosis más de drama para mantenerte pegado a la pantalla en los 8 capítulos que conforman esta primera temporada.

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Lo clásico no siempre es un problema, por supuesto. Sí lo es que la pareja protagonista no tenga esa química que traspasa la pantalla y que es imprescindible para enamorar a todo aquel que se anime a vivirla desde fuera. Ambos han sido una decisión valiente de casting (ella debuta con este proyecto), pero no hay chispas.

La luz y su banda sonora, lo mejor de 'Summertime'

Más actual es el personaje de Sofia (Amanda Campana), una novedad con respecto a la historia original y todo un acierto tanto por lo que aporta como por la propia actriz, que destaca sobre el resto del grupo. La dupla con Dario (Andrea Lattanzi) es más que una grata sorpresa.

También lo es su banda sonora, que mezcla clásicos con temas actuales en un cóctel explosivo para los sentidos, y ese italiano nativo de sus personajes que te tendrá, en pocos minutos, buscando un profesor particular.

Pero por encima de todo, la mejor decisión de este proyecto es su entorno. El sol, el mar y esa luz tan propia de la costa consiguen transportarte de verdad a un verano tan añorado como deseado por todos en un momento como este.

Es probable que Summertime no deje en los espectadores esa huella de los amores de verano, pero al menos devolverá a cada uno de ellos un recuerdo que parecía estar enterrado en la arena.

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