Crítica Vertele

'We're here', un canto a la libertad sexual que ha llegado para quedarse

Shangela Laquifa (dcha) junto a Hunter, un joven maquillador gay que anhelaba con protagonizar un espectáculo drag
Shangela Laquifa (dcha) junto a Hunter, un joven maquillador gay que anhelaba con protagonizar un espectáculo drag

HBO estrenó el 24 de abril el primer episodio de esta serie documental en la que tres famosas drag queens recorren pequeños pueblos de Estados Unidos para organizar en ellos un show con muchos tacones, maquillaje, ropas ajustadas y, sobre todo, una buena dosis de libertad y respeto. Analizamos las claves de una docuserie que pretende ir mucho más allá de la cultura drag, tomándola como una excusa para adentrarse en el corazón de norteamérica

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We're here empieza con fuerza. En cada uno de sus capítulos, las famosas drag queens Eureka O'Hara, Shangela Laquifa WadleyBob the Drag Queen llegan a un pueblo perdido en el mapa de los Estados Unidos vestidas de un modo nada habitual para los lugareños. Saludan a todo el que se encuentran por la calle, alardean de humor ácido y arrastran su escándalo por toda la villa para anunciar que han llegado, que están ahí.

En su bienvenida, las protagonistas de la serie documental que HBO estrenó el 24 de abril son recibidas con expresiones de todo tipo: caras largas, sonrisas y también algunos 'aleluyas' que sirven para recordarnos, una vez más, que en los pueblos no sólo hay mentes cerradas. También hay personas que respetan, que no juzgan y que entienden, empatizan e incluso se identifican con el colectivo LGTBI+. Y son ellas las que adquieren un papel fundamental en We're here, porque son ellas las que van a aprender a ser drags, a maquillarse y a mover los brazos y el pelo como la hacen Eureka, Shangela y Bob. Van a aprender a ser libres.

Bob the Drag Queen, Shangela Laquifa y Eureka O'Hara en 'We're here'
Bob the Drag Queen, Shangela Laquifa y Eureka O'Hara en 'We're here' HBO

De su mano conoceremos cómo es crecer en estos páramos perdidos rompiendo cánones y sin más referentes que los que llegan a través de los medios de comunicación. Porque, aunque en estos pueblos recónditos no sea un delito colgar en el balcón una bandera arcoiris, no todos se atreven hacerlo, y eso es porque aún queda mucho camino por recorrer en favor de la libertad. Entre las fábricas, las armas, las iglesias, las banderas estadounidenses, las mesas de billar y las motos también se mueven gays, lesbianas o transexuales que no terminan de encontrar su espacio en un ambiente que se esfuerza por parecer heteronormativo. Ese es el ambiente en el que las drag queens de We're here van a desplegar un show que poco o nada se parece a lo que estos vecinos están acostumbrados a ver.

Se agradece que la nueva docuserie de HBO haya seleccionado perfiles muy diversos entre los vecinos de estas localidades. No sólo se suben al escenario las personas que deseaban hacerlo desde la niñez; el show de We're here se convierte en una especie de 'bautismo drag' en el que participan otras personas que no pertenecen al colectivo LGTBI+ pero sí guardan relación con él: una madre que quiere disculparse con su hija por no haber aceptado su bisexualidad; un joven heterosexual que quiere cambiar su concepto de la masculinidad; o un padre que lidia con problemas de salud mental y que está decidido a abrazar sus emociones por el bien de su hija.

En definitiva, lo que Eureka, Shangela y Bob pretenden es un ejercicio de liberación colectivo, y lo que han conseguido, además de eso, es un híbrido entre Queer EyeRuPaul's Drag U, pues se combina la esencia de estos dos formatos televisivos: por un lado se fomenta el respeto al colectivo, y por otro se da esplendor a la cultura drag.

Eureka O'Hara con una de las participantes en el show del primer episodio
Eureka O'Hara con una de las participantes en el show del primer episodio HBO

We're here también nos ofrece una visión actual, y posiblemente menos estereotipada, de la sociedad rural norteamericana. Aunque el Día del Orgullo LGTBI+ sólo se ha celebrado dos veces en Gettysburg, un pueblo de 7.500 habitantes que sirve como primer escenario para la serie de HBO, la cultura drag es perfectamente conocida por sus vecinos, tanto por aquellos que tuercen el gesto al oír hablar de ella, como por los que se suman al espectáculo sin dudarlo. De hecho, resume perfectamente esta idea un gesto simbólico pero muy significativo que ocurre en el primer capítulo, cuando una joven camarera sale de su negocio para abrazar a Shangela. Los medios de comunicación y las redes sociales sirven para poner en contacto a gente que empatiza con una misma causa.

La serie, que de momento está compuesta por seis capítulos, tiene ritmo suficiente. No hay guión, pero el humor y la agilidad mental de las 'drag mothers' basta para sostener el hilo narrativo de cada episodio, cuya duración ronda los 60 minutos. Ayuda también el pasado televisivo de las drags protagonistas, pues todas ellas son perfectamente conocidas por su participación en el programa de televisión RuPaul's Drag Race, un icono para el género drag desde que comenzó a emitirse en el año 2009. Acreditan experiencia en este ámbito y demuestran sus ganas por ofrecer un contenido diferente que no se queda en la superficie del espectáculo, sino que va mucho más allá al ahondar en cada una de las historias de superación que componen el relato de We're here. Las drags están aquí y han venido para quedarse.

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