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El jueves, de ser "la noche del reality" a la de la ficción española

'La valla' y 'Madres', el duelo de ficción española del jueves
'La valla' y 'Madres', el duelo de ficción española del jueves ATRESMEDIA / MEDIASET

El reciente estreno y liderazgo de 'La valla' en el prime time de los jueves ha contribuido a cambiar el paradigma televisivo que tenía en esta la franja por antonomasia para los formatos de telerrealidad. Donde antes 'GH' o 'Supervivientes' se turnaban, ahora se albergan un duelo de series.

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La valla que se ha levantado con buenos resultados en Antena 3 ha servido para delinear un nuevo escenario en la noche de los jueves. Una noche que durante años parecía haber sido poco acogedora para la ficción española, cuando no definitivamente hostil. Una noche, también, que se había definido por la prevalencia en la programación del fenómeno reality en sus distintas encarnaciones. Al menos, hasta ahora.

El primer mes de temporada televisiva ha traído consigo una remodelación de esta franja, como un fenómeno más a los que se han producido en las últimas semanas, como el de la pegada de la ficción turca también a nivel de cadenas generalistas. En un momento en que el consumo de series parecía haberse redirigido a las plataformas de forma prioritaria, resulta cuando menos curiosos estos fenómenos; de forma especial en el caso de los jueves, que se habían convertido en el cortijo particular de Telecinco durante largos años con la emisión alterna de Gran Hermano (en sus diferentes versiones anónimas, VIP y Dúo), Supervivientes y, de forma más reciente, la primera edición de La isla de las tentaciones y La casa fuerte.

La excepción de 'Cuéntame'

Si bien estos programas eran punta de lanza de la programación transversal, con emisiones estelares en hasta tres días diferentes y en los dos canales principales del grupo, la convención y el eje de estas estrategias estaba en los jueves, donde cada uno de estos espacios celebraba sus expulsiones periódicas. Así, durante la última década, se construía un muro sólido de audiencias particularmente infranqueable para otras apuestas, especialmente en lo que a ficción se refiere. Porque, si exceptuamos Cuéntame cómo pasó, también arraigada en esta cuarta noche de la semana, los GH o Supervivientes de turno dejaban poco espacio para otro tipo de entretenimiento.

El veterano serial ha sabido mantenerse como la alternativa y, con permiso de La que se avecina, el faro de la ficción nacional por su capacidad para mantenerse inmutable ante los cambios del mercado y la industria y seguir siendo una opción potente en el panorama de las generalistas. Pero su estabilidad parecía exclusiva en la noche del dominio de la telerrealidad. Sin acercarse a los registros de Cuéntame, Estoy vivo ya tuvo oportunidad de reafirmarse durante su primera temporada, aprovechando la debilidad de la GH: Revolution, la última edición de anónimos vista en Telecinco, pero su tercera remesa de episodios sufrió para hacerse sitio ante la primacía de GH VIP.

El solo hecho que terminase su andadura en dobles dígitos se percibió como un resultado más que meritorio para una ficción como la protagonizada por Javier Gutiérrez. Las expectativas quedan reflejadas en las diferentes ofertas por las que Antena 3 optaba en este duelo de los jueves: la pasada temporada, se lanzó una ficción anglosajona con poco agarre, New Amsterdam, frente a la cita con la casa en directo durante el otoño; durante los meses en los que Supervivientes se convirtió en el rey de la selva catódica, agravados con la crisis del coronavirus, el cine había sido una propuesta de poco riesgo con la que ocupar el prime time.

Descontando el drama de Grupo Ganga, pues, poca alternativa podríamos hallar al reality rotatorio. Si acaso, a una de sus variaciones, el docu-reality que propone Pesadilla en la cocina. Plenamente asentado en la mesa de los jueves de laSexta, el de AlbertoChicote se ha probado como un producto imperecedero en su interés, sin importar si son entregas recién sacadas del horno o refritos servidos en incontables ocasiones (como lleva ocurriendo en los últimos meses).

'La valla' marca un nuevo perímetro

Y así, llegamos a la particular nueva normalidad impuesta durante este mismo septiembre. El comienzo de curso tras las vacaciones de verano ha sido inevitablemente diferente al de otros años como consecuencia de una crisis del coronavirus que ha modificado los tiempos de producción y explotación. Si exceptuamos el eficaz parche que supone la Gourmet Edition de Ven a cenar conmigo para Telecinco y el experimento de Sola en Mitele Plus, Mediaset arrancaba las primeras semanas de competición sin un reality show ya a pleno rendimiento, a la espera de concretar el lanzamiento de La isla de las tentaciones. En estas, el lanzamiento en abierto de La valla (creación de Daniel Écija, como Estoy vivo) precisamente en la noche de los jueves resultaba una apuesta incierta: aún no habiendo un gran formato de telerrealidad en frente, la configuración de los jueves parecía ir en contra de una serie de género como esta; el hecho de que su estreno en el prime time de Antena 3 tuviera lugar meses después de haber tenido su puesta de largo en el circuito de pago en Atresplayer Premium, tampoco parecía jugar a favor de obra.

Y sin embargo, con esta serie distópica se produciría la utopía para Atresmedia, en tanto se vio no solo capaz de liderar en sus primeras emisiones (el suyo sería el mejor estreno de ficción en la cadena de los últimos doce meses), sino que ha traído consigo un cambio de modelo que también ha puesto en práctica Telecinco. Ahí está la decisión de colocar frente a La valla otra ficción como Madres: Amor y vida, que curiosamente también llegaba al circuito en abierto tras contar con Amazon Prime Video como primera ventana de difusión. Mientras tanto, las ansiadas Tentaciones de Telecinco encuentran su nueva ubicación principal en la noche de los miércoles (además de las ya habituales citas de domingo y martes).

Más allá del resultado en sí del duelo entre el futurismo de Antena 3 y el melodrama adulto de Telecinco (el de este día 24 es solo el segundo lance entre ambas); más allá de si en un futuro a corto o medio plazo el reality vuelve a restablecerse en sus huecos de programación tradicionales, si algo demuestra este nuevo panorama es que no hay nada inamovible en el modelo de televisión lineal. Un modelo que durante los meses de confinamiento por la pandemia se revindicó en su capacidad de acompañar a la audiencia en todo momento y de cambiar en función de las necesidades.

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