Especial

Estas han sido nuestras series "de cuarentena" preferidas

'Unbelievable', 'Mindhunter' y 'Fleabag', tres de nuestras "series de la cuarentena"
'Unbelievable', 'Mindhunter' y 'Fleabag', tres de nuestras "series de la cuarentena"

De entre lo poco positivo del coronavirus, está el habernos dado tiempo para disfrutar de series. Tanto las que se acaban de estrenar, como otras pasadas para las que no habíamos encontrado el momento. Estas son las más destacadas para los periodistas de Vertele y de eldiario Cultura.

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El confinamiento casi global por la pandemia del coronavirus ha disparado el consumo de las plataformas de streaming y convertido a las series en la principal herramienta de entretenimiento y hasta de evasión, permitiéndonos "salir de casa" sin movernos del sofá.

Ya que desde este lunes toda España estará al menos en la Fase 1, y que empezamos a ver (todavía a lo lejos) un futuro más allá del COVID-19, desde Vertele queremos echar la vista un poco atrás y compartir cuáles han sido nuestras "series de la cuarentena".

No nos referimos sólo a ficciones que se hayan estrenado en estos más de dos meses de encierro, sino también a esas series "del pasado" que siempre habíamos querido ver pero no habíamos encontrado el momento. Esos títulos que hemos aprovechado a rescatar y disfrutar en el tiempo ante la televisión que nos ha dado el confinamiento.

Ya que a nosotros estas series nos han servido para evadirnos un poco de la realidad confinada, recogemos la lista de recomendaciones que nos sale sumando a los redactores de Vertele con nuestros compañeros de Cultura de eldiario.es. Una lista que esperamos que también sirva para visualizar una vez todo esto acabe.

'Glee' (Netflix) - Laura García

Volver al instituto, formar parte de un coro en el ser tú mismo no sólo está permitido, si no que se premia, y experimentar cómo en la adolescencia vivíamos cada día como si fuera el último, es un regalo. Cuando se hace bien, claro. Ryan Murphy, Ian Brennan y Brad Falchuk lo lograron en 2009 con la primera temporada de Glee, de 22 episodios. Tras ella llegaron otras nostálgicas seis con las recordar cómo era nuestra vida cuando cada clase, ligue, suspenso, bronca y victoria eran lo mejor y lo peor que podía pasarnos. Y creíamos que durarían para siempre.

Los New Directions cuentan con el profesor entusiasta que a todos nos habría encantado tener, Wil Schuester, que además canta y baila como nadie. Después, el particular coro lo conforman un grupo de jóvenes que hasta el momento no tenían donde encajar, y cada día tienen que lidiar con los refrescos que los malotes les lanzan a la cara para humillarles por los pasillos del William McKinley High. Aunque dispares, acaban convirtiéndose en una familia, que defienden y pelan como tal. 

Cada capítulo cuenta con su propia playlist -inolvidable su Don't stop believin-, que encandila y emociona al contar con la calidad vocal de Lea Michele, Cory Monteih, Darren Criss, Kevin McHale, Amber Riley y Chris Colfer, mencionando sólo a algunos. Temazo a temazo, para cuando uno se quiere dar cuenta, está entregado los encantos infalibles de la serie, que versiona a Michael Jackson, Lady Gaga, Aretha Franklin, Madonna, Christina Aguilera, Britney Spears y un larguísimo etcétera. La banda sonora perfecta para la cuarentena.

'Mindhunter' (Netflix) - Francesc Miró

En los peores momentos —y durante este confinamiento hemos vivido unos cuántos de esos—, es razonable que nos apetezcan ficciones más amables, cuanto más terrible es la realidad. Y, sin embargo, la serie que más me ha acompañado durante esta cuarentena resulta haber sido de todo, menos amable. Ha sido una serie sobre asesinos en serie, criminales, dementes o inteligentísimos, sentados en una mesa hablando de sus filias y fobias. Ha sido Mindhunter.

Había visto la primera temporada y postergado todo lo posible el visionado de la segunda, pues siempre he desconfiado del 'lo bueno, si breve, dos veces bueno'. A la luz de las decisiones de Netflix, que la mantiene en un limbo, tenía miedo, simplemente, de terminarla, de no contar con más episodios de Mindhunter por ver. Finalmente, ha ocurrido lo inevitable durante estas semanas. Pero he constatado la elegancia formal, el control sobre un discurso en torno a la línea que separa la cordura de la locura, y la capacidad ilimitada para la tensión a través del verbo de esta serie. No hay nada como Mindhunter, y eso me basta para tenerme pegado al televisor hasta en las peores circunstancias.

'Unbelievable' (Netflix) - Laura Pérez

Ni las infinitas buenas críticas que acumuló desde su estreno en septiembre de 2019 ni las más que merecidas nominaciones a los Globos de Oro 2020 que recibió pocos meses después habían sido suficientes para decidirme a arrancar con Unbelievable (Creedme), mi serie de la cuarentena. Quizás la rabia que me generaba su historia, la real de una joven que fue violada y acusada de interponer una denuncia falsa, me hacía postergar el momento de enfrentarme a un relato duro y crudo a partes iguales.

El día llegó en uno de los tantos que todos hemos pasado entre el sofá y la cama durante esta cuarentena, y al fin pude saldar una deuda que me arrepiento de haber alargado tanto. Ahora entiendo por qué fue una de las series más elogiadas del pasado año y me sumo recomendarla a todos los lectores que se pierdan entre estas líneas. Porque si hay una historia que merece tener voz es esta. Sobre todo, para hacernos reflexionar como sociedad y que ninguna mujer viva lo que vivió Marie.

'Watchmen' (HBO) - José Antonio Luna

Watchmen es el ejemplo perfecto de cómo expandir un universo que, a priori, parecía intocable. La secuela contemporánea del cómic de Alan Moore y Dave Gibbons no es una simple continuación, sino que se las ingenia para encontrar su propia identidad y abordar aspectos como el racismo contra el pueblo afroamericano, la pervivencia del supremacismo enmascarado (nunca mejor dicho) o la lucha de clase y género.

Damon Lindelof es consciente de que no hay producción sin discurso político. Y lo más sincero, tanto para espectador como creador, es reconocerlo sin tapujos. Rorschach, personaje en ocasiones malinterpretado por los fans como un antihéroe, se muestra aquí como lo que siempre fue: un fascista que sirve de mesías a la peor calaña de la sociedad.

El cocreador de Perdidos aprovecha las bases de Alan Moore para dar un puñetazo a los cimientos del hombre blanco cabreado, un perfil que aupó a Trump a la presidencia y cuyo rastro llega hasta al auge de la ultraderecha en nuestro país. Los privilegios de estos, ya sea en lo referido al género, a la raza o la orientación sexual, se están tambaleando. Y ellos no están dispuestos a perderlos tan fácilmente.

'Fleabag' (Amazon Prime Video) - Paula Hergar

Seis premios Emmy, Globos de oro, Critics Choice Awards, Premios BAFTA y muchos más alaban a esta serie revelación que en 2016 Amazon descubrió a muchos el talento de Phoebe Waller-Bridge como creadora y protagonista. La tenía pendiente desde entonces y en esta cuarentena me he dado el lujo de verla. ¡Qué acierto! En pocos días saboreé los 12 capítulos de la serie que lo único negativo que tiene es que te sabe a poco. 

Fleabag presenta a unos personajes con más defectos que virtudes, pasto de psiquiatra pero que prefieren lamerse las heridas en privado. Excepto la protagonistas que, consciente de sus traumas nos los presenta mirándonos a los ojos, como usándonos para su propia terapia, pero acaba curándonos a nosotros a carcajadas y reflexiones que necesitábamos y no lo sabíamos. 

'Homecoming' (Amazon Prime Video) - Gabriel Arias

Homecoming no da tregua al espectador. En los 30 minutos que dura cada uno de sus episodios no hay ocasión para el aburrimiento. Y no porque sea una serie de acción con giros brutales y una música que nos mantiene en tensión. No. Los capítulos de Homecoming son pequeñas píldoras de suspense y thriller psicológico en los que resulta fácil empatizar con el sufrimiento de sus protagonistas, y no es complicado odiar a los villanos por ese desprecio que demuestran hacia los demás.

Protagonizada en su primera temporada por Julia Roberts, la serie que Eli Horowitz y Micah Bloomberg firman como creadores nos introduce en una trama, en absoluto disparatada, en la que los personajes forman parte de un experimento social que se ha puesto en marcha para conseguir que los soldados de guerra se reincorporen a la sociedad sin secuelas psicológicas.

Su banda sonora, su fotografía, sus escenarios y los silencios crean una atmósfera perfecta para la angustia del espectador, que se mantiene en tensión incluso cuando ya se advierte el meollo de la cuestión. Amazon Prime Video estrenó el 22 de mayo la segunda temporada de Homecoming, en la que la actriz Janelle Monáe sustituye a Julia Roberts como protagonista. Pero es preferible disfrutar de los primeros capítulos antes de escuchar las críticas sobre esta segunda tanda que poco más aporta a lo que ya se ha visto. Y lo que se ha visto, merece la pena.

'The last dance' (Netflix) - Vanesa Rodríguez

En los 90, jugaba al basket en el equipo del colegio. Aunque de las más altas de la clase, era rematadamente mala. Acababa cada partido con los dedos del revés y tras llevarme más de un balonazo de esos que picaban en la cara. El deporte, practicarlo, nunca fue lo mío. Aunque se me daba bien hacer tapones y luchar por el balón, eso sí. Por aquel entonces no es que me importara mucho ganar o perder los partidos de polideportivo municipal, y jugar en equipo camuflaba mi poca habilidad para driblar el balón. A toda una generación de barrio nos había picado el gusto por un deporte en el que veíamos volar a nuestros ídolos y donde cada fracción de segundo podía durar eones.

La serie documental The last dance me ha llevado durante este confinamiento a esos recuerdos. Mis valiosos cromos de Larry Bird, Magic Johnson, Scottie Pippen, Hakeem Olajuwon y Michael Jordan volvían a cobrar vida, esta vez con unos unos cuantos años más a uno y otro lado de la pantalla.

He pasado los últimos lunes devorando con avidez cada dos nuevos capítulos de la producción de ESPN, una maravilla narrativa que se mueve en la línea temporal de los seis campeonatos que ganaron los Chicago Bulls en los 90, capitaneados por Phil Jackson. La serie va pasando el balón del 90 al 98, del 98 al 2018, del 98 al 92, fintando las claves de la historia para luego encestar un triple tras otro. Para mí solo ha tenido un pero: viajar al pasado conlleva frecuentemente descubrir que tus recuerdos no son como los recordabas. Y mi yo de los 90 no recordaba que Michael Jordan fuera a veces tan gilipollas.

Su inspirador afán de superación, que sin duda le convirtieron en uno de los mejores jugadores de baloncesto de la historia, tenía un lado oscuro: obsesión por ganar por encima de todo, competitividad tóxica, actitudes tiranas, y el odio, la envidia y la rivalidad como motor motivador que le han convertido en carne de meme.

Pero la serie no es solo sobre Michael Jordan. The last dance es una puesta en valor del trabajo en equipo, del último baile en el que cada miembro de aquel dream team de los Bulls valía oro y un recordatorio de que, aunque no encestes mucho, los tapones y luchar por la pelota también cuentan (que se lo digan a Denis Rodman). Recuerdos desbloqueados durante un presente en tiempo muerto que nos hacen pivotar entre un pasado que a veces añoramos y un futuro que anhelamos sea mejor.

'Penny Dreadful' (Movistar) - Pedro Zárate

Las tres temporadas de Penny Dreadful fueron emitidas por Showtime entre 2014 y 2016. Ahora, más de un lustro después de su estreno, ha sido cuando la he descubierto yo. Siempre me arrepentiré de no haberlo hecho en su momento, pero más vale tarde que nunca. Y es que la serie creada por John Logan es, aun con sus altibajos, un absoluto disfrute. Con su oscura fachada y una identidad muy marcada desde el minuto uno, Penny Dreadful nos transporta al Londres del siglo XIX entre personajes clásicos de la literatura gótica y un desfile de brujas, vampiros y demonios sin parangón. Sin embargo, todos ellos palidecen ante alguien tan humano y, a la vez, tan sobrenatural como Vanessa Ives.

El personaje principal, interpretado magistralmente por Eva Green, es de esos que dejan huella y tanto se echan en falta cada vez que no aparecen en pantalla. Y es que, cuando ella sale, todo sube automáticamente de nivel. Su lucha por contener a sus propios demonios y derrotar a las fuerzas del Mal regala momentos de locura y desbordante creatividad que resultan difíciles de olvidar. Ojála City of Angels, su primera serie derivada y estrenada a finales de abril, deje el mismo sabor de boca.  

'Twin Peaks: El regreso' (Showtime) - Lorenzo Ayuso

Más allá de los visionados que mi puesto me exige, he de reconocer que mi consumo de series ha sido reducido en mi tiempo de ocio durante el grueso de la cuarentena. En estas semanas de incertidumbre, me resultaba complicado seguir una narrativa a largo plazo sin saber si me iba a merecer la pena el desempeño, si iba a sacar algo en claro, si iba a querer perderme ahí. Necesitaba una recompensa, y por eso mis afanes como espectador se habían dirigido hacia las incontables redifusiones de combates de la UFC con las que cada medianoche Gol cierra su jornada como principal entretenimiento televisivo. La idea de que el esfuerzo y el dolor encarnado en cada combate, en el martirio físico celebrado cada noche en el octágono, me reconfortaba en una época tan brumosa, en la que estamos abocados a volvernos insensibles, tanto por la falta de afectos y contactos como por la deshumanización del conteo de cifras que ha dejado esta pandemia.

No ha sido hasta estas últimas tres semanas de mayo cuando, convencido de que necesitaba de una desescalada emocional, decidí moverme y volver a Twin Peaks. Lo crean o no, la obra original fue la primera serie que vi, gracias a la bendita inconsciencia de mi vecina de la infancia, cuando apenas tendría yo cuatro años (al menos así lo recuerdo yo, puede que la memoria distorsione la realidad), por lo que, además de haber influido en mis gustos futuros, me siento particularmente a gusto en estas coordenadas descifradas (o codificadas, según se mire) por David Lynch y Mark Frost.

Twin Peaks era un lugar tan especial que no me importó esperar una vez reabrió sus puertas en 2017 para poder regresar. Y sentí que ese momento llegaba hace poco, y con la inestimable ayuda del compadre Francesc Miró, que me cedió su pack en Blu-Ray poco antes de que llegaran las restricciones de movimiento y echáramos el cerrojo. Cuando en el primer episodio vi al mismísimo Michael Bisping, el legendario "Conde" de las artes marciales mixtas, entre sus flamantes paisanos, de algún modo todo tenía sentido. Este era el momento de verla, de dejar que se desenvolviera ante mí, ahora que no sé hacía dónde vamos o iremos, sin importar si me pierdo por el camino. Volver a ella, envolverme de la música de Chromatics y Badalamentti, ha sido la recompensa que necesitaba.

'The Boys' (Amazon Prime Video) - Marcos Méndez

Cuando le pregunté al experto en ficción de superhéroes Pedro Zárate sobre qué tal estaba esta extraña serie que no me acababa de convencer después de ver una muy diferente en Movistar+ como La voz más alta (que también merecería estar en esta selección, y más por el momento mediático-político que vivimos), él me dijo: "Es distinta a todas, no te la puedo comparar". Una descripción que para un no-fan de los superhéroes como yo, la interpreté como "si te atreves, tírate a la piscina". Y menos mal que me animó, porque había agua. Y de la buena.

En esta cuarentena también he visto otras series que me han gustado mucho como 3% en Netflix y La línea invisible en Movistar+. Y a todas le encontré fortalezas muy potentes. Pero para mí ninguna reúne un poco de todo como la locura que es The Boys. Es una diversión constante con un punto de partida y una trama diferente y original, con la que puedes odiar a los (casi) siempre perfectos superhéroes, a los que convierte en antihéroes como estrellas de los medios de comunicación y el marketing.

Un magnífico entretenimiento, una diversión perfecta para el confinamiento y para cualquier otro momento, unas muertes (sin hacer spoilers) que te dejan boquiabierto a la vez que no puedes parar de reír, y un Karl Urban al que es imposible no adorar por lo odiable que es. Lo dicho, agua de la buena.

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